Varroa, nutrición y avispón: el trío que determina la invernada

Tabla de contenidos

Septiembre marca un punto de inflexión en el colmenar. Empieza a formarse una generación particular de abejas: las abejas de invierno. A diferencia de las abejas de verano, que viven unas pocas semanas, estas abejas invernantes vivirán varios meses. Serán ellas las encargadas de regular la temperatura del racimo durante la estación fría y, posteriormente, de alimentar a la primera cría durante la salida del invierno. Su calidad y, por tanto, la supervivencia de la colonia se decide ahora.

Al mismo tiempo, tres factores pesan sobre esta generación: la presión de varroa, las reservas nutricionales y la depredación del avispón asiático. No son factores independientes; todos convergen en un mismo punto: la capacidad de la colonia para producir abejas de invierno sanas y protegerlas. Abordarlos por separado implica el riesgo de descuidar alguno de ellos. Veamos cómo gestionarlos conjuntamente.

1. Varroa: medir antes de actuar

Las abejas de invierno son vulnerables por una razón concreta. Varroa se reproduce en las últimas crías de la temporada, se alimenta del cuerpo graso de la abeja, su principal recurso metabólico, así como de su hemolinfa, y transmite virus, entre los que destaca el virus de las alas deformadas (DWV). El problema es doble: el parásito debilita directamente a la abeja y consume las reservas lipídicas y proteicas almacenadas en ese mismo cuerpo graso, precisamente las que la abeja de invierno necesitará para llegar hasta la primavera. Una colonia que entra en invierno con una elevada carga de varroa produce abejas agotadas antes de tiempo.

©Véto-pharma – Gráfico extraído de la guía «La lucha integrada contra Varroa a lo largo de las estaciones»

Otro aspecto que conviene tener presente es que los daños causados por varroa no siempre son visibles a simple vista. La carga viral que transmite puede afectar de forma importante y duradera a una colonia, incluso después del tratamiento, ya que los virus pueden persistir durante varias semanas una vez controlado el parásito. Por eso nunca hay que esperar hasta el último momento para intervenir. El mejor enfoque no consiste en un único tratamiento al final de la temporada, sino en una lucha integrada durante todo el año, combinando métodos biotécnicos (trampeo en cría de zángano, enjaulado de la reina, retirada de cría) y tratamientos para mantener la infestación en el nivel más bajo posible de forma permanente.

En la práctica, un error habitual consiste en tratar según el calendario sin conocer el nivel de infestación. Lo recomendable es medir primero. El recuento de varroas foréticos mediante lavado con alcohol, azúcar glas o uso de CO2 ofrece una imagen fiable de la situación. Una herramienta como Varroa EasyCheck permite realizar este control de forma rápida y reproducible de una visita a otra. La infestación varía enormemente de un año a otro y de una colmena a otra: dentro de un mismo colmenar, al final de la temporada puede haber colonias con menos de 500 varroas y otras con varios miles. Aplicar la misma rutina a situaciones tan diferentes no produce el mismo resultado.

©Véto-pharma – Gráfico extraído de la guía «La lucha integrada contra Varroa a lo largo de las estaciones»

Es importante no confundir la eficacia del tratamiento con el resultado obtenido: incluso un tratamiento con una eficacia del 90 o 95 % deja una infestación residual proporcional a la carga inicial. En una colonia muy infestada, este nivel residual puede seguir siendo elevado. De ahí la importancia de comprobar la eficacia mediante un nuevo recuento después del tratamiento y de permanecer atentos al riesgo de reinfestación por pillaje o deriva desde colmenares vecinos.

©Véto-pharma – Tabla extraída de de la guía «La lucha integrada contra Varroa a lo largo de las estaciones»

Por último, el tratamiento de final de temporada no siempre es suficiente. Cada vez resulta más útil complementarlo con un tratamiento invernal a base de ácido oxálico, aplicado durante un periodo sin cría, para actuar sobre los ácaros residuales al final de la temporada. Este tratamiento de refuerzo es especialmente eficaz cuando la colonia no tiene cría. Sin embargo, los inviernos más suaves hacen que esta interrupción natural de la puesta sea más incierta y, en ocasiones, inexistente, por lo que es necesario vigilar de cerca la biología de las colonias en lugar de confiar únicamente en el calendario.

Para ayudarle a construir una estrategia eficaz de lucha integrada contra Varroa, puedes descargar nuestra guía «La lucha integrada contra Varroa a lo largo de las estaciones», coescrita con el Dr. Gérald Therville, veterinario especializado en apicultura y patologías de las abejas.

2.Alimentación: constituir las reservas necesarias para superar el invierno

Una buena abeja de invierno también es una abeja bien alimentada. Estas abejas invernantes almacenan reservas proteicas en su cuerpo graso y producen vitelogenina, una proteína de reserva procedente del polen que favorece la inmunidad, la longevidad y la capacidad de criar. Esta proteína caracteriza el metabolismo tan particular de la abeja de invierno. Existe una relación directa entre el nivel de reservas acumuladas al final del verano y la supervivencia invernal de la colonia.

El problema es que el final del verano suele coincidir con un periodo de escasez: hay poco polen disponible y varroa reduce las reservas del cuerpo graso. El jarabe cubre las necesidades de carbohidratos, pero no resuelve las necesidades proteicas de las últimas crías, precisamente las que darán lugar a las abejas de invierno. Cuando falta polen, ya sea en cantidad o en calidad, un suplemento proteico como MegaBee, rico en proteínas y micronizado para facilitar su asimilación, ayuda a mantener la cría al final de la temporada.

Un aspecto práctico derivado del manejo del colmenar: para que sea útil, la alimentación proteica debería mantenerse idealmente durante un periodo suficientemente largo, de unas cuatro a seis semanas, es decir, aproximadamente dos ciclos de cría, para iniciar un círculo virtuoso y cubrir toda la generación de abejas invernantes.

Para más información, puedes descargar nuestra guía «Nutrición de las abejas», coescrita con Antonio Pajuelo, especialista en nutrición apícola.

3. Avispón asiático: una amenaza que ya no conoce fronteras

Considerado durante mucho tiempo un problema francés desde su introducción en 2004, el avispón asiático (Vespa velutina) se ha convertido en un problema internacional. En Europa, recientemente se ha notificado su presencia en Austria, Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos y Eslovaquia. En Estados Unidos, la primera detección en el medio natural tuvo lugar en Georgia en agosto de 2023 y las campañas de erradicación continúan. Aún más significativo para el hemisferio sur: Nueva Zelanda detectó la especie en su territorio por primera vez en octubre de 2025, en la North Shore de Auckland, y a principios de 2026 las medidas de erradicación seguían en curso.

¿Por qué tanta vigilancia? Porque la presión del avispón sobre las colonias está lejos de ser anecdótica. Un estudio francés estimó que un solo nido puede consumir una media de 11,32 kg de biomasa de insectos durante una temporada, y las abejas melíferas representan aproximadamente el 38 % de su dieta. Sobre todo, cuando las colonias de avispones son numerosas, muchos individuos capturan a las pecoreadoras cuando regresan a la colmena, provocando una paralización de la actividad de pecoreo que puede llegar a causar el colapso de la colonia. La abeja melífera occidental, que no ha coevolucionado con este depredador, no dispone de las defensas eficaces de las abejas asiáticas.

Las cifras de mortalidad varían según las regiones y los estudios, pero son significativas. En algunas regiones europeas, la depredación ha provocado la pérdida de cerca del 50 % de las colmenas y, en el suroeste de Francia, algunos apicultores han comunicado pérdidas de entre el 30 y el 80 % de sus colonias. En un colmenar seguido en condiciones experimentales, de seis colmenas, una fue completamente destruida y las otras cinco vieron reducida su población a la mitad. Además, la relación con la nutrición es directa: al frenar el pecoreo justo cuando la colonia necesita constituir sus reservas para la invernada, el avispón agrava el déficit nutricional en el peor momento.

El verano y el otoño son los periodos de mayor presión. La protección se basa en varias medidas complementarias: reducción de las entradas, dispositivos de protección alrededor de la piquera y trampeo alrededor del colmenar. Las trampas VespaCatch Original y VespaCatch Select se integran en esta estrategia; la segunda está diseñada para limitar las capturas de especies no objetivo, un aspecto importante porque un trampeo poco selectivo también perjudica a la entomofauna útil. El trampeo sigue siendo una herramienta entre otras: en caso de fuerte depredación, se recomienda combinarlo con otros dispositivos, como los protectores de piquera o las arpas eléctricas.

En resumen

Estos tres temas son, en realidad, uno solo. Una abeja de invierno de calidad necesita que se cumplan tres condiciones: poca varroa, reservas suficientes y un colmenar protegido frente a la depredación del avispón. Cada una influye en las demás. Una carga de varroa no controlada difunde virus por la colonia y reduce las reservas del cuerpo graso. Un avispón activo frena el pecoreo que permite reponerlas. Y una colonia mal alimentada resiste peor el resto de las amenazas, tanto parásitos como virus.

Lo que une todos estos factores es la anticipación. Una gestión eficaz no depende de una intervención de última hora, sino de una serie de decisiones tomadas en el momento adecuado a lo largo de toda la temporada y adaptadas a la realidad del año en curso. Cada año es diferente y el cambio climático no hace más que acentuar esta variabilidad: inviernos más suaves, finales de temporada más largos y desplazamiento de la presión parasitaria y depredadora. Te invitamos a que dediques tiempo este mes a evaluar estos tres factores. La colonia que encontrarás la próxima primavera se está preparando ahora.

Artículos que pueden interesarle
Garantizar la supervivencia invernal de las abejas gracias a una gestión óptima de las reservas, del espacio y de la salud.
Descubre cómo utilizar MegaBee, un complemento proteico para abejas. Perfecto en primavera, otoño y situaciones de estrés.
En esta guía de 28 páginas, aprenderá hasta qué punto una fuente adecuada de nutrientes garantiza el desarrollo óptimo de sus abejas.